jueves, 4 de julio de 2019

Colocación de stents y trombosis

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Cinco artículos originales y dos comentarios, uno de ellos de la propia agencia federal de los EEUU (Food and Drug Administration) han sido dedicados en el New England Journal of Medicine del 8 de Marzo de 2007 a una preocupante cuestión:

¿Es mayor el riesgo de que se produzca una trombosis tardía en la arteria coronaria dilatada cuando se utilizan stents (una especie de cánula, constituida por una malla de acero expandible, que se coloca en la luz de una arteria coronaria estrechada, para mantenerla dilatada) que liberan fármacos in situ (como la sustancia inmunosupresora conocida como sirolimus) cuando se comparan con los stents metálicos que no liberan fármacos?

La cuestión no es baladí, ya que desde su autorización en los años 2003 (stents que liberan sirolimus) y 2004 (stents que liberan paclitaxel), los stents que liberan fármacos han sido utilizados en los Estados Unidos en el 80% de las colocaciones de stents por vía percutánea, y en todo el mundo se han colocado varios millones de stents.

En el primer artículo se comparan de manera aleatoria los resultados obtenidos, al cabo de 4 años, con los stents que liberan sirolimus con los de los stents que no liberan fármacos; los autores no encuentran diferencias entre los dos tratamientos con respecto a mortalidad, infarto de miocardio y trombosis del stent.

En el segundo artículo, los autores examinan la seguridad relativa y la eficacia de los stents que liberan fármacos comparados con los stents que no los liberan. El uso de stents que liberan sirolimus o paclitaxel se asocia con un incremento pequeño, pero significativo, de trombosis tardía entre 1 y 4 años después de su implantación en la arteria coronaria estrechada, cuando se comparan con los resultados conseguidos con los stents sin fármacos.

Beneficios de ambos tipos de stents con fármacos


Los autores confirman los beneficios de ambos tipos de stents con fármacos en cuanto a la reducción de la necesidad de nuevos procedimientos de revascularización coronaria. Por otra parte, no encuentran diferencias entre los stents con fármacos y sin fármacos, a los 4 años de su implantación, en cuanto a la mortalidad y al infarto de miocardio.

En el tercer artículo, los autores comparan los resultados obtenidos con los stents con fármacos con los de los stents sin fármacos y encuentran una mayor tasa de mortalidad en los primeros con respecto a los segundos.

En el cuarto artículo los autores no encuentran diferencias significativas en cuanto a la trombosis entre los stents con fármacos y los stents sin fármacos, al cabo de 4 años de seguimiento. Sin embargo, consideran que son necesarios estudios de más larga duración para llegar a una conclusión más firme.

En el quinto artículo, los autores no encuentran efectos significativos del uso de los stents que liberan in situ sirolimus sobre la supervivencia a largo plazo y la incidencia de infarto de miocardio, cuando se comparan con los stents metálicos sin fármacos. El riesgo de trombosis es, al menos, tan grande como el de los stents sin fármacos.

Conclusiones


La conclusión editorial del NEJM es la siguiente: A millones de pacientes en todo el mundo con enfermedad coronaria se les ha colocado un stent para tratar la estrechez de una arteria coronaria: son indiscutibles los enormes beneficios de esta tecnología terapéutica.

Sin embargo, cuando es detectada una complicación potencialmente grave como es la trombosis a nivel del stent, es obligatorio hacer todo lo posible para estudiar detenidamente esta complicación, valorar su riesgo, comprender su mecanismo de producción y desarrollar medidas preventivas.

El NEJM espera con la publicación de estos artículos informar apropiadamente a la comunidad médica y ayudar a los profesionales de la salud a tomar las mejores decisiones en sus pacientes.

Por otra parte, un análisis de la cuestión firmado por miembros de la Food and Drug Administration, que autorizada el uso de estos stents, termina afirmando que la seguridad y la eficacia de los stents que liberan fármacos, en comparación con los stents que no los liberan deben seguir siendo estudiadas.

A partir de la revisión de estos datos se podrá facilitar el desarrollo de nuevos stents que liberen fármacos más seguros y eficaces.